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viernes, 6 de marzo de 2026

Un cielo sin Luna [Polos opuestos #3]

Andrea Longarela/ Editorial Zafiro/ 479 páginas/ Un cielo sin Luna [Polos opuestos #3]/ Versión Kindle/ Comprar aquí



A Luna no hay nada que le guste más que descubrir el mundo a través del objetivo de su cámara. Y, mientras lo hace, busca de forma incansable eso con lo que lleva soñando toda la vida, eso a lo que algunos llaman «amor» y de lo que otros huyen.

Lo que nunca hubiera imaginado es que toparía con él de esa manera, bajo la nieve y de la mano de un hombre que le demostraría que, en ocasiones, lo mejor de la vida llega cuando no debe.

Un tren, una isla, fotografías, una noche en París, una tarta de chocolate y un beso eterno no dado es lo que ambos necesitan para aceptar que existen sentimientos tan fuertes como para no poder ignorarlos demasiado tiempo.

Eso y compartir un prólogo interminable antes de comenzar la historia más especial de sus vidas.

«¿Cuánto puede tardar una persona en enamorarse?

Lo que tarda en llegar al suelo un copo de nieve…»



¡Buenas mis queridas estrellas! Finalmente aquí os traigo la última reseña de una de las primeras trilogías de Andrea Longarela, que como siempre no deja de sorprenderme su capacidad de escribir con tanta intensidad ya desde sus inicios como escritora. Lo único que me apena es que este libro no haya estado a la altura de los otros dos para mí y que me haya incomodado de esa forma. Además que en general yo no soy muy fan precisamente de que el conflicto resida en torno a una infidelidad o a un amor prohibido porque una de las dos partes ya tiene un compromiso con alguien más. 

"Un cielo sin Luna" nos cuenta la historia de Luna y Étienne, que se conocen por casualidad en un viaje en tren con un mismo destino en común. Luna es un espíritu libre, nunca se ha asentado en ningún lugar ni tiene pensado hacerlo. Solo viaja de un lugar a otro en busca de esa chispa, de ese amor que han vivido sus personas más importantes y que ella también quiere encontrar. Étienne tiene una vida acomodada, tranquila, no está interesado en nada que pueda romper esa paz. Los dos son completamente opuestos y, aun así, unas cuantas horas juntos hace que esa chispa que ella buscaba y que él nunca había sentido llegue entre ellos sin avisar. Pero ambos desaprovechan la oportunidad y nunca se vuelven a ver. Hasta años después, cuando sus caminos vuelven a cruzarse pero ahora el obstáculo es mucho más grande. Étienne está casado y Luna ya no sabe cómo renunciar a aquello que ha seguido buscando desde ese último viaje en tren. Los dos saben que lo que están haciendo está mal, pero ¿es realmente malo algo que te hace sentir tan bien por dentro?

Este es un libro que forma parte de una trilogía llamada "Polos opuestos" y este es el tercero y último de esta historia. No os voy a mentir, estoy muy triste de terminarme una trilogía que me había llegado a sorprender en varios momentos con esta sensación tan agridulce. Y es que aquí conocemos la historia de Luna, la hija de Bruno que es el protagonista del primer libro, y Étienne, y los dos me han generado una tremenda indiferencia desde la primera a la última página. Y no solo eso, es que también han habido otros donde me han dado mucha rabia y hasta incomodidad, por sus acciones tan poco éticas y tan crueles hacia quienes no se merecían algo así. 

La trama no me ha gustado, creo que es de las pocas veces que leo a esta autora y que el mensaje que ha querido reflejar en su novela ha sido un no rotundo para mí. No solo creo que una historia con un desarrollo así no debería finalizarse con un final feliz, sino que además hay ciertos mensajes con los que no he estado de acuerdo y que han ocurrido por causa de los protagonistas. La idea no es mala y creo que si se hubiese resuelto de otra manera quizá habría podido conectar mejor con las cosas que estaban pasando. El romance no me ha gustado, no me lo he creído y para mi gusto ha sido un poco fantasioso y con premisa de Disney donde todo ocurre de un segundo a otro y porque sí. La verdad me esperaba una química más real que la de dos personas que ni siquiera se conocían.

Los personajes me han disgustado bastante y me apena, sinceramente, porque terminarme esta trilogía con esta sensación agridulce pues siempre es un tanto desolador. Creo que la química que se narra entre ellos es un poco inventada, porque yo no la he sentido. Literalmente se ven un par de horas y ya parece que llevan toda una vida juntos. Sí, la gente te puede impactar en poco tiempo, pero no a este nivel tan exagerado. Luna me ha dejado la sensación de que no la he llegado a conocer nunca. Es demasiado impulsiva y hasta a ratos egoístas y no he podido conectar como me gustaría con ella. Étienne tampoco me ha dicho nada, no solo siento que no tiene encanto de ningún tipo, sino que sus acciones a lo largo del libro han sido bastante miserables.

La pluma de la autora me encanta y aunque este libro no me haya gustado no puedo negar que este apartado siempre va a tener una buena opinión de mí cuando se trata de Andrea Longarela y su hermosa manera de plasmar hasta las emociones más horribles. Quizá sí que admito que se me hizo más denso, pero eso no es culpa de la escritura, sino de los protagonistas que se me atragantaron y del conflicto de la historia, que a mí todo libro que abarque el tema de la infidelidad no es nunca plato de mi gusto.  Aun así vuelvo a decirlo, da igual si la historia la llego a odiar o no, eso no quita que Andrea escribe precioso desde el principio de su carrera como escritora y que da igual la emoción que te despierte su novela, su forma de plasmar cada sentimiento es puro arte siempre.

Ahora os hablaré un poco de los personajes principales.

Por un lado tenemos a Luna, nuestra protagonista femenina. Ella es una chica que jamás ha tenido la necesidad de asentarse en ningún sitio, de hecho siempre ha sido de las personas que necesitan moverse continuamente de un lado a otro y conocer mundo y vivir situaciones nuevas a cada rato. Ni siquiera sus relaciones han sido capaces de durar más que una chispa, pues cuando se acababa ese destello de novedad que experimentaba, Luna sentía la constante necesidad de empezar de cero en un nuevo sitio. Todo eso cambia en aquel tren que la lleva rumbo a una fiesta con su actual novio, cuando hay un problema técnico que la hace estar durante varias horas atrapada sin saber cómo saldrán las cosas. Pero también es el sitio donde lo conoce a él. A esa chispa que ha estado buscando desde que era una niña y que siempre deseó vivir ella también, tal y como lo hicieron sus personas más importantes del mundo entero. Étienne es muy diferente a ella, más tranquilo, más maduro y con unas bases más firmes que se han asentado en su cabeza y que son opuestas a las de ella. Y es que mientras Luna no deja de moverse continuamente, Étienne prefiere encontrar un lugar que llamar hogar. Son solo unas horas, no se conocen de nada y las cosas que descubren del otro solo los hace más diferentes, pero de pronto Luna siente eso. Esa chispa. Lo que tanto ha buscado en otros brazos. Pero la oportunidad que ambos buscaban se pierde y dejan escapar lo que pudo haber sido antes de siquiera experimentarlo. Años después, Luna vuelve a encontrarle, pero a diferencia de la última vez, ahora Étienne se ha casado y Luna siente que el mundo se le descompone al entender que quizá ha estado dando alas a una historia que jamás tuvo cabida en la vida de él. ¿Pero cómo se detiene lo que el corazón no deja de buscar incansablemente?

Luna es un personaje que me ha chocado demasiado y aunque entiendo que la intención de la autora era mostrarnos a una persona con muchas taras que la hacen ser inestable y muy caótica de forma continua, yo no he podido evitar sentir que no la he conocido realmente. Se ha pasado todo el libro de un extremo a otro, de hecho ni siquiera creo que los sentimientos que decía tener fueran acordes a todo lo que estaba pasando. Aunque me ha gustado que la autora quisiera representar una situación cruda como lo es enamorarte de alguien que ya tiene un compromiso y las dificultades que ello conlleva, no me he sentido cómoda con las emociones de Luna y como ha manejado o pensado las cosas. ¿El compromiso era de Étienne? Sí y obvio que la fidelidad debería venir de él y no de ella, pero también creo que existe algo llamado ética y Luna no ha tenido nada de eso en ningún momento. Se pasa todo el libro repitiéndose que la responsabilidad debería venir de él, que Étienne es el que tiene que cuidar de su relación, y aunque no discuto eso, tampoco veo lógico las acciones de ella. Si no está cómoda, no debería estar en un sitio donde va a verlo a él todo el tiempo. Ni tampoco es agradable que aunque ella se diga eso para quitarse algo de culpa de encima, tenga conductas que demuestren que no tiene ni un poquito de remordimiento por la persona que va a sufrir las consecuencias de ambos. De hecho a veces sentía que solo estaban cuando ya habían cometido la acción mala. Creo que Luna es compleja, que hay detalles suyos que me intrigaban, pero que sinceramente ha sido la protagonista que menos me ha gustado de las tres que hay en esta trilogía. No solo siento que no la he conocido realmente, sino que toda su trayectoria me ha parecido forzada y, a ratos, un rato mezquina con los demás por tener esos rasgos suyos tan egoístas e infantiles.

Por otro lado tenemos a Étienne, nuestro protagonista masculino. Él es un chico que siempre ha tenido claras sus bases en la vida. Tranquilidad, madurez, un futuro con alguien que le dé paz y que lo haga feliz, casarse, vivir juntos, formar una familia... Nunca ha esperado nada más que eso, hasta que una noche todo cambia. De pronto Étienne se encuentra, en ese tren donde se ha quedado atrapado durante varias horas, a una chica que lo desconcierta y lo intriga con mucha intensidad. Se llama Luna y desprende una energía sorprendente. No duda en liberar todo lo que piensa y en arremeter contra todo si no está de acuerdo con las circunstancias. Pero también es demasiado opuesta a él. No solo es demasiado joven, sino que encima no busca esa vida tranquila que él siempre ha tenido. Pero aun así, aunque sus vidas no pueden chocar más de lo que lo hacen, Étienne no puede retener esa curiosidad, esa necesidad de saber por qué algo dentro de él no deja de sentir esa chispa cuando sus miradas se encuentran o ella lo descoloca con su constante intensidad. Pero los intentos se quedan solo en eso y cuando el tren arranca de nuevo, también lo hacen sus propios caminos separándose. Ahora, años después, Étienne ha rehecho su vida, se ha casado con una mujer preciosa a la que quiere y todo es perfecto. O debería serlo, hasta que regresa el pasado en forma de Luna para recordarle que a veces la vida no es siempre una línea recta. Sino que hay ocasiones que un solo copo de nieve puede dar paso a una intensa ventisca que lo lleve todo por delante. ¿Pero qué es lo correcto en una situación así? ¿El deber o el querer?

Étienne es un personaje que no me ha gustado y la verdad es que no he visto nada especial en él en todo el libro, ni siquiera al inicio. La idea que la autora tenía era buena, pero es que Étienne me ha parecido una persona insegura, con una incapacidad muy seria de tomar decisiones importantes y que, a la hora de la verdad, siento que no es alguien de quien te puedas llegar a fiar. En este libro se le intenta justificar un poco diciendo que al final no deja de ser humano y que es parte de serlo el errar, pero una cosa es equivocarse y al ser consciente de ello intentar enmendarlo correctamente y otra es hacer lo que ha hecho él: callarse y solo dejar caer la bomba en el peor momento posible y sin el menor tacto. Me ha dado mucha rabia que de verdad hubiese momentos donde creía no estar siendo infiel, cuando sí lo era. No es necesario tener una acción carnal con otra persona para ser infiel a quien amas, a veces solo un gesto, una frase o una mirada puede ser la mayor de las traiciones. Pero lo peor de todo ha sido darme cuenta de que cuando finalmente deja caer la bomba contra la mujer que hace no mucho aseguraba querer, lo primero que hizo fue correr a los brazos de la otra, sin ni siquiera dejar un margen de tiempo. Y aunque luego se castiga esa injusta acción y la autora trabajó ese tema de una forma pausada, yo no he podido perdonar a Étienne. ¿Es humano y por tanto comete errores? Sí. ¿Aun así me parece una persona muy miserable y que el libro no debería haber tenido un desenlace feliz tomando en cuenta como se ha dado todo? También. 

En resumen, "Un cielo sin Luna" es el tercer y último libro de una trilogía que me da mucha pena terminar con esta sensación tan agridulce por no haberme gustado en absoluto. No solo creo que el tema que se aborda es demasiado incómodo para mí y que encima todo se resuelve de una forma un tanto simple quizá (tomando en cuenta la complejidad que ha querido reflejarse en toda la novela sobre el tema), sino que además no he podido creerme nada de lo que pasaba porque ocurría demasiado deprisa y sin ningún peso que lo sostuviera. La trama ha sido un no rotundo para mí desde el minuto en que se decidió tratar el tema del amor prohibido porque él estaba con otra mientras tonteaba con la protagonista. La infidelidad en los libros nunca ha sido plato de buen gusto para mí, de hecho los llego a aborrecer bastante, porque o bien se justifican esas acciones diciendo que el amor es así o bien les dan un desenlace feliz a pesar de que nada de lo ocurrido está bien. Nadie niega que todos somos seres humanos y que podemos equivocarnos, pero una cosa es errar y otra muy distinta es seguir aferrándote a ese error y guardar silencio sabiendo que lo que haces es horrible y que tienes que detenerlo ya. El romance no me ha parecido creíble, todo ocurre en unas pocas horas y luego los protagonistas actuan como si bebiesen los vientos del otro y para mi gusto ha sido un tanto exagerado de más. Los personajes no han sido mis favoritos y de hecho no he llegado a conectar con ninguno de los dos. Me ha dado mucha rabia todo lo que hacían, cómo actuaban y lo injustos que eran con los demás, queriendo justificar sus acciones con esa frase de "no debería estar mal algo que te hace sentir tan bien", porque no, eso no es justificación para mantener la mentira hasta casi el final y luego soltar la bomba sin miramientos y de una forma tan mezquina hacia la persona que se supone que querías. Luna me ha parecido muy infantil y egoísta, por no hablar de que es exageradamente inestable. No solo se la pasa dando tumbos por la vida sin tener idea de lo que quiere o necesita, sino que encima solo mira por ella en todo momento. He terminado la novela sintiendo que no la he conocido en lo absoluto. Étienne no me ha dicho nada, de hecho me ha caído bastante mal y no me ha parecido que tuviera ni una pizca de encanto. Ni al principio ni al final me parece un personaje memorable, sino que durante toda la novela demuestra ser un cobarde, un mentiroso y un tío con una doble cara un tanto desagradable. Me intentaron justificar algunas de las cosas que hace, pero ¿sinceramente?, para mí nada de lo que hace es perdonable, lo siento. La pluma de la autora es mi único punto positivo del libro y por eso no se ha llevado una estrella redonda y lo he subido al uno y medio. Y es que aunque esta novela es la más dramática de las tres por toda la complejidad del tema, creo que Andrea tiene un don a la hora de escribir hasta cuando hace libros que no son gusto de cualquiera. A mí no me ha gustado nada la historia, pero su narrativa me ha fascinado y me ha dejado con algunas enseñanzas que siempre voy a llevar en mí. Porque ya lo dije antes y me repito ahora, Andrea tiene un don desde que empezó a escribir y yo estoy encantada de seguir teniendo historias suyas que descubrir cada día para que nunca deje de sorprenderme y enamorarme.

¡Y eso es todo mis pequeñas estrellas! Contadme, ¿habéis leído ya esta novela? Si es así, decidme qué os ha parecido a vosotros en los comentarios.

¡Nos vemos en la próxima reseña!





 








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